Cuando toca bajar el ritmo…

**Semana 1 en Atenas**

En la Acrópolis, 4/3/2018

El otro día comentaba en Twitter que, después de reflexionar sobre el objetivo de este blog, había decidido plantearlo de otra manera. En la última entrada dije que mi intención era publicar una vez a la semana con una extra a modo de cierre de cada viaje. Sin embargo, después de pensarlo mejor, creo que no tiene sentido marcarse un ritmo tan estricto y que el blog debe adaptarse a mi ritmo de vida y no al contrario.

Ni este es un “viaje Instagram” (sino una forma de vida) ni este es un blog comercial, sino un proyecto personal. Por eso, porque mis reflexiones están muy vinculadas con mi vida, no me siento cómoda compartiendo todo de manera constante y pública. Por otro lado, me apetece que, quien quiera saber de mí, me pregunte, en lugar de exponer mis experiencias en una vitrina online que cualquiera puede ver (o ignorar…) cuando y donde quiera.

Dicho esto, hoy sí me apetece comentar que durante esta semana en Atenas he aprendido dos cosas fundamentales que quiero compartir con vosotros:

Por las calles de Atenas

Es importante adaptar el ritmo de cada viaje a las circunstancias. Como nunca había estado en Grecia, los primeros días me pegué una paliza tremenda a recorrerlo, verlo y probarlo todo. Además, lo compaginé con intentar seguir mi vida “como si nada” (levantarse, coger el bus para ir al sitio donde trabajaré, etc., intentando saltarme el paso de la adaptación al destino) lo más rápido posible. El resultado ha sido que he necesitado quedarme un par de días en casa para recuperarme física y mentalmente de tanto estrés. Lección aprendida: No hay prisa por “adaptarse”, nadie espera nada de mí y el ritmo lo marco yo.

Debo ser más flexible en lo que respecta a los “requisitos” que me había autoimpuesto. Por ejemplo, en mi cabeza estaba que el coworking sería el factor determinante de cada viaje y que de encontrar “el adecuado” dependería mi estabilidad social y profesional, ¡pero no! Atenas es una ciudad con un tráfico caótico y el lugar ideal donde disfrutar de la comodidad de poder trabajar en casa, ahorrarse las horas y los apretujones en el bus, y los agobios del centro en hora punta. La parte social me la aportan otras actividades, como pilates, Meetups, tours o incluso la mera compañía de mi anfitriona en casa.

El ritmo de vida de un nómada digital puede resultar frenético… o no. Todo depende de cómo cada uno decida organizar su tiempo y expectativas. Cuesta deshacerse de la sensación de “Me quedo en Atenas un mes y llevo dos días sin salir de casa… ¡vaya desperdicio!”, pero merece la pena cuando te das cuenta de que el concepto de “perder el tiempo” viene determinado por las expectativas que tú mismo te habías marcado.

Yo, sinceramente, prefiero hacer “vida normal”, lo cual incluye tener días vagos, días de paliza, días mejores y días peores. Sin esta perspectiva, viajar puede quemar mucho y demasiado rápido. Al fin y al cabo, no se trata de ir tachando elementos de una lista, sino de vivir la vida (con la filosofía que normalmente apliques) en otro contexto, ni más… ni menos.

2 Comments

  1. Clara 15/03/2018 at 09:53

    Totalmente de acuerdo contigo, Merche. Nos volvemos locos cuando estamos en otras ciudades y nos llenamos de actividades por el simple hecho de pensar que no estás perdiendo el tiempo. Actividades que tal vez ni siquiera haríamos en nuestra propia ciudad. Me alegro de que hayas encontrado la manera de vivir Atenas de forma relajada 🙂 Un besote


  2. Eli 09/03/2018 at 00:54

    Bien dicho. Al final, es respetar tus tiempos. Yo te seguiré preguntando, ya sabes que me gusta conocer tus aventuras.


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