Mi experiencia como nómada digital

Foto tomada hace unas semanas en la Isla Margarita (Budapest)

Cuando empecé a plantearme viajar sin fecha de vuelta viviendo un mes en cada país que me apeteciera no conocía la existencia del término “nómada digital”. Al investigarlo, se abrió ante mí un mundo repleto de información: blogs, cuentas de YouTube, grupos de Facebook, perfiles de Instagram, hashtags de Twitter… Encontré muchísimos datos interesantes (desde formas de hacer el equipaje hasta el maravilloso mundo del minimalismo) y di con viajeros empedernidos como yo. ¡Por fin había encontrado mi sitio…! Como con todo, no existe una sola definición de “nómada digital” y por eso no me sorprendió encontrarme a lo largo del proceso con planteamientos muy distintos al mío. Había tantas ideas, planes y viajes como personas. Ciertos puntos en concreto distinguían mi aventura de la de otros nómadas.

El planteamiento del viaje

Mi planteamiento consistía en seguir trabajando como siempre aprovechando la libertad de ser autónoma para viajar y dar carpetazo a la monotonía. ¿La única pega? Que tenía que volver cada mes a Madrid para que me ajustaran la ortodoncia. Eso, sin duda, ha marcado de pleno el ritmo de mi viaje y ha multiplicado por dos el número de desplazamientos que he tenido que hacer, lo que sin duda ha aumentado los gastos y me ha absorbido más energía.

Muchos de los nómadas que encontré en Internet, a diferencia de mí, se proponían comenzar una start-up, ahorrar gracias a gastar menos en países más baratos o generar ingresos pasivos para poder trabajar poco tiempo a la semana (el libro por bandera de los nómadas es el de Tim Ferris “La semana laboral de 4 horas”). Me resultó curioso que el perfil de nómada que encontré más habitualmente no era el de autónomo que sale a viajar, con su cartera de clientes bajo el brazo, sino el de gente deseosa de conocer mundo que necesita encontrar la forma de financiar su aventura.

El objetivo

El objetivo de mi viaje, como expliqué al principio del todo en la entrada ¿Cuál es el plan?, era coger Madrid con más ganas. Por supuesto, también necesitaba cumplir un sueño como era irme sin fecha de vuelta, sin nada que me atara a un lugar, y con la ilusión de poner a prueba mis habilidades sociales en culturas muy diferentes a la mía. El objetivo de los demás, dependerá de cada uno :-).

Los destinos

El destino por excelencia de los nómadas digitales es Chiang Mai, en Tailandia, aunque cada uno viaja por la zona que más le gusta. Otros sitios favoritos son Budapest, Medellín o Valencia, por si os pica la curiosidad. Yo, como tenía que volver cada mes, decidí quedarme en Europa, pero me decanté por zonas menos trilladas: Portugal (ejem), Hungría, Rumanía, Grecia, Bulgaria, Montenegro

Los intereses

Mis intereses tampoco parecían coincidir mucho con los de los nómadas que leía en Internet. A mí me gusta conocer gente, escribir o salir a hacer fotos, pero (por ahora) no me atraen temas como el surf, las criptomonedas, el diseño de cursos de coaching… No obstante, esto lo cuento a modo de anécdota, porque, evidentemente, tener unos intereses u otros no te hace más o menos nómada, pero noté esta tendencia y quería aprovechar para comentarla.

La forma de financiarlo

La idea era dedicar el mismo presupuesto a alojamiento+vuelo que lo que le dedicaba al alojamiento en Madrid. Como he comentado, detecté que muchos nómadas o proyectos de nómadas lo que querían realmente era viajar y simplemente buscaban ingresos para poder financiar su nuevo estilo de vida, aunque para ello se sugirieran trabajos como “traductor” o ¡psicólogo!

Ser nómada es distinto a ser autónomo, a teletrabajar, a ser viajero, a ser turista y a ser expatriado. Para considerarse nómada hay que sentirse cómodo con este estilo de vida, con la incertidumbre, con las emociones fuertes que suponen reiniciar tu vida cada pocas semanas y con la soledad que te acompaña en el camino. En mi opinión, la idealización del nomadismo, tan habitual en redes como Instagram o incluso revistas como la que os muestro más adelante, hace que se pierda de vista que no todo se reduce a trabajar en la playa mojito en mano y conviene saber lo que implica este estilo de vida.

Empezar de cero constantemente

Desde luego, este es el mayor contra, el que en mi opinión absorbe más energía. Todo depende de la cantidad de tiempo que te quedes en cada país y también en si vas solo o en pareja. En mi caso particular, viajar sola y quedarme un máximo de un mes en cada destino ha resultado agotador (teniendo que mantener, además, mi ritmo habitual de trabajo). Curiosamente, saber que voy a quedarme solo durante X tiempo en un sitio concreto ha tenido dos efectos totalmente opuestos y compatibles a la vez: sentirme llena de energía y apuntarme a todo lo que surja, quedar constantemente con gente, hablar con cualquiera (“¡Hay que aprovechar, me voy dentro de nada!”), y sentirme agotada y notar una enorme pereza existencial por repetir el proceso una y otra vez (busca grupos, busca planes, busca sitios, busca pilates, busca coworking, busca…). (“Bah, para lo que me queda…”).

Sobre conocer gente

Una de las grandes maravillas de este estilo de vida es conocer a personas con las que jamás te habrías topado de otra forma. Personas que ya han pasado cierta “criba” y con las que probablemente es más fácil encontrar puntos en común que con quienes te rodean en el día a día. Sin embargo, aunque tu vida social puede ser muy activa por momentos, muchas de las interacciones serán bastante superficiales y muchas veces te cansará pasarte el día presentándote, diciendo a qué te dedicas, etc. Todo depende de lo que estés buscando: si la expectativa del viaje es hacer amigos de verdad, quizá debas replantearte el nomadismo. Si la idea es, simplemente, socializar, lo disfrutarás mucho más. Personalmente, mi caso ha sido el segundo, así que estoy muy contenta con el resultado porque, en el proceso, he conocido también a personas con las que he forjado lazos más estrechos de lo que esperaba.

Tu cabeza trabaja sin descanso

Al ser autónoma y haber vivido dos años y medio sola, estoy acostumbrada a encargarme de todo yo en lo personal y en lo profesional (bueno, aprovecho para mandar un saludito a mi gestor). Sin embargo, el cansancio que he experimentado en estos viajes ha sido mucho más profundo del que conocía. Sin ir más lejos, algo a priori tan simple como “salir a dar un paseo para estirar las piernas” se convierte en otra actividad que requiere toda tu atención: coge el mapa, no te metas por ahí, esta zona mejor evitarla, esto es carretera, el GPS aquí no te indica bien, ve dando la vuelta para volver, etc. Es cierto que solo pasa los primeros días al llegar a un sitio nuevo, pero si cambias constantemente de destino…

Trabajar y hacer turismo no es siempre compatible

Cada uno tiene sus rutinas de trabajo. Yo me he dado cuenta de que, para ser productiva y funcionar bien, necesito trabajar de seguido y en un espacio cómodo, ergonómico y silencioso. Mi aspiración no es trabajar menos sino lo mejor posible. Por eso, en casi todos los destinos he elegido un coworking. No obstante, si eres de los míos y tu objetivo es trabajar “lo de siempre” pero en otro contexto, estarás de acuerdo en que, a veces, al acabar la jornada, lo que menos apetece es salir a descubrir mundo.

Es una sensación difícil de explicar y la he vivido en todos y cada uno de los países que he visitado, una especie de agobio que te sobreviene al pensar que estás en un sitio maravilloso… ¡pero no lo estás aprovechando al máximo! Problemas del primer mundo, sí, pero ¡cuántas veces me he planteado que, para estar delante del ordenador, me daba igual tener al lado el Puente de las cadenas o La Almudena! Sin embargo, a menudo esa frustración desaparece cuando ya sabes moverte un pelín por la zona y recorres la ciudad como niña con zapatos nuevos, mirándolo todo como si lo acabaran de poner.

La ergonomía se complica

Ejemplo gráfico de la idealización del nomadismo que inunda redes y, en este caso, revistas (Cosmopolitan).

Una de las imágenes que más habitualmente se encuentran en Internet al buscar “nómada digital” es la de trabajar en una playa tumbado en una hamaca. Al margen que para mí lidiar con la arena, el sol, el calor, la humedad, etc. empañaría esa imagen tan idílica, es una visión recurrente que hace que muchos piensen que los nómadas están todo el día de juerga o de relax. Me resulta irónico que, aunque muchos nómadas tienen muy presente el tema del yoga o el mindfulness (conciencia plena del momento presente), es en este mundillo donde más se intenta hacer dos cosas a la vez (disfrutar del contexto y trabajar a la vez).

Llevar la oficina a cuestas cuesta

No sé cómo habría sido mi experiencia nómada si no me hubiera tenido que operar de una hernia discal, pero después de pasar por ese trago, sé que no todo vale. Una de las imágenes que más me ha distanciado de sentirme “una nómada como Dios manda” es la del mochilero. Cuando veía vídeos sobre cómo encajar todo en una mochila me daba rabia pensar que esa ya nunca podría ser yo y que ni siquiera podía llevar y traer mi “oficina” todos los días sin que mi espalda se resintiera.

Para disfrutar de un entorno ergonómico, me compré al principio de la aventura un elevador de pantalla, un teclado y un ratón externos. Si a eso le sumamos el ordenador, el cargador, la cartera, etc., ya es más peso del que puedo cargar. Por este motivo, me he dado cuenta de que para mí no es viable trabajar en cafeterías (tendría que llevarlo todo encima todos los días), bibliotecas (ídem) ni asientos varios (sofás, hamacas, sillones, parques…). Necesito un espacio de trabajo (coworking) y, sobre todo, poder dejar mis cosas en él para no cargar.

Soledad

Hay nómadas que viajan en grupo, en pareja, con niños, con su mascota o, como yo, solos. Como con el cansancio, el tipo de soledad que he experimentado viajando es diferente a las que conocía. Es esa clase de soledad/agradecimiento que te hace apreciar más lo que sueles dar por hecho (desde papis, hasta amigos, pasando por Mercadona o el Metro). Este es, sin duda, uno de los grandes caballos de batalla de los nómadas, como se puede observar al ver la cantidad de experiencias que se encuentran en Internet: Fighting loneliness as a digital nomad (BBC)10 ways to never feel lonely as a DN, How to deal with loneliness as a DN or solo traveller, The downsides of being a DN

Conclusión

Ser nómada digital es el Erasmus versión adulta de los autónomos sin compromiso. Es el summum de la libertad. Es ponerte a prueba. Es conocer mundo. Es estar preparado para imprevistos. Es conocerse en distintas situaciones. Es reparar en la suerte que tienes. Es sentirte dueño de tu vida. Es sentirte exhausto por tener que tomar decisiones constantemente. Es no poder ser más feliz ciertos días y plantearte el sentido de la vida en otros… sin nadie de confianza a quien mirar a los ojos para contárselo. Ser nómada digital no es para todo el mundo. No te hace mejor que quien decide no vivirlo. No es apto para adictos al control. No trata solo de “conocer nuevas culturas”. No es estar de vacaciones. No sirve para huir. Ser nómada digital, como cualquier estilo de vida, adoptará su forma propia en función de tu personalidad y tus circunstancias, expectativas y aspiraciones.

Enlaces relacionados:

Pros and cons of being a digital nomad (vídeo)

Is the DN lifestyle just a phase? (Huffington Post)

How to be a digital nomad (Chris The Freelancer)

Los contras:

Shit digital nomads say (parodia)

Digital Nomad rant: Stop lying to people

Why I Went Straight Back Home After Becoming a Digital Nomad

Being a digital nomad is not sustainable anymore

5 things I hate about being a Digital Nomad

Los pros:

5 things I love about being a Digital Nomad

Freedom to travel: My digital nomad story

How I live a Digital Nomad lifestyle worldwide all year

8 years as a Digital Nomad

A day in my life as a female Digital Nomad in Chaing Mai, Thailand

3 Comments

  1. Anabel Alenda 28/06/2018 at 09:19

    Gracias por este artículo tan sincero, claro, bien estructurado y lleno de referencias externas con las que ampliar información. Me ha encantado. Y la conclusión final es brutal.


  2. Anna 06/06/2018 at 15:41

    Me ha gustado mucho tu resumen de la experiencia y las conclusiones. ¡Suerte en la nueva etapa!


  3. Iris Permuy 04/06/2018 at 18:23

    Me ha ENCANTADO el párrafo final <3


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