Mi experiencia viviendo en alojamientos de Airbnb

En los monasterios de Meteora, en Grecia
*Nota: Aprovecho para compartir con vosotros algunas fotos de mi excursión a Meteora, aunque no tenga nada que ver con la entrada 😛

Nunca me había alojado en Airbnb, pero tenía mucha curiosidad (por aquello de que trabajo traduciendo para ellos desde hace más de un año) y por eso quise probar espacios de todo tipo. Hoy os voy a contar cómo fueron los alojamientos, los pros y contras de cada elección, y os daré algunos consejos y “trucos” (legales) por si estáis pensando utilizar esta plataforma en algún momento y necesitáis cancelar. Aprovecho para recordar que, si utilizáis este enlace de afiliados cuando os registréis (si ya estáis registrados, no vale), os darán 25 euros en ese momento y a mí 15 cuando terminéis el viaje en cuestión.

Airbnb en Oporto: viviendo con una familia

Para mi primer destino escogí una habitación de una casa de dos plantas: la de arriba estaba ocupada por la familia anfitriona y la de abajo era exclusiva para huéspedes (dos habitaciones: una doble y una simple) donde compartíamos baño, cocina y “salón” (pongo comillas porque era más un recibidor comercial con panfletos, no podías comer ahí, por ejemplo).

Pros: si no estaba la otra habitación ocupada, tenía todo para mí pese a haber pagado solo por una habitación. La familia estaba siempre disponible para atender cualquier problema (al segundo día se me perdió la llave de la habitación).

Contras: aunque las paredes/el techo no fueran muy finos, me enteraba de todo (riñas, discusiones, risas, pasos, karaoke). La “ventana” de la habitación era una especie de ojo de buey que daba al baño, así que, si mi compañero se levantaba a hacer pis a las 4 de la mañana, mi habitación se iluminaba como si hubiera encendido yo la luz. Lo más importante: la planta de arriba y la de abajo (donde estaba yo) estaban unidas por un patio compartido (al nivel donde estaba yo) donde dejaban al perro cuando se iban. Esto no habría sido un problema si no fuera porque a veces se iban hasta dos días enteros y el perro no hacía más que arañar y golpear la puerta de arriba, que coincidía justo con mi habitación, generando un ruido absolutamente imposible de soportar (he subido un audio aquí para que escuchéis lo que yo oía casi cada día, cada hora, en mi habitación). Me tuve que comprar auriculares con cancelación activa de ruido y ni así, y cuando se lo dije a la familia (que no parecía saber que el perro hacía esto cuando se iban) me pidió comprensión. Yo, sinceramente, lo pasaba mal, no solo por el ruido (al principio pensaba que era una lavadora) sino porque no dejaba de aullar y llorar. Una lástima no poder hacer nada y encima tener que comerme la situación.

Meteora

Airbnb en Atenas: viviendo con la anfitriona

En Atenas decidí vivir con la anfitriona en el alojamiento más barato que encontré (220 euros todo el mes). Mi habitación era bastante amplia, la casa parecía estar bien acondicionada y contaba con un balcón muy grande.

Pros: por ese precio, pude disfrutar casi de la casa entera, ya que la anfitriona pasaba el día y la noche fuera casi siempre. La terraza fue una bendición y trabajé en ella casi todos los días. Tenía un supermercado cerca y transporte a cinco minutos. Zona tranquila, pero con vidilla.

Contras: Estaba bastante alejada del centro. Por haber primado el precio sobre la comodidad, este destino ha sido el que menos he disfrutado (para llegar al coworking que tenía en mente tardaba unos 40 minutos en total, así que acabé trabajando en casa todo el mes, con el consecuente aburrimiento existencial). Además, apenas conviví con la anfitriona, que estaba todo el día fuera de casa, y por momentos me sentí bastante incómoda porque tenía unos cambios de humor muy raros, además de problemas que no voy a mencionar aquí. Por último, para darse una ducha había que calcular encender el calentador 15 minutos antes y el agua caliente no duraba más de 10 minutos, así que cada ducha era un estrés cuando tocaba lavarse el pelo.

Airbnb en Budapest: viviendo con un compañero de piso alquilado

Para Budapest elegí el alojamiento de un artista, con bastante buena ubicación (aunque el transporte público es tan ridículamente frecuente que casi te da igual dónde estés) y conviví con un compañero de piso que… vivía de alquiler (¿?). El dueño “vivía allí la mitad del año”, según el anuncio, aunque yo no lo llegué a conocer y me pregunto dónde se habría metido, ya que la casa solo tenía dos habitaciones y… un sofá en el salón.

Pros: Terraza inmensa con acceso individual desde la habitación, servicio (wc) y baño (ducha) separados.

Contras: Terraza donde acumulaba bicis rotas, asientos de coche rotos, donde se caía la ropa interior de los vecinos (nunca nadie llamó para pedirla) y todo muy sucio. El principal contra que vi en esta ocasión fue que el dueño alquilaba una habitación (la grande, la buena, la mía) para Airbnb y la otra (diminuta, ridícula, con colchón en el suelo) con contrato de alquiler normal. Esta diferencia hace que no estés ni viviendo con el dueño ni tampoco con alguien que está de paso como tú, por lo que la casa está organizada casi a gusto del inquilino (tiene sus vasos, sus platos, sus cosas, sus “hábitos de limpieza”, sus visitas…) y tú estás un poco de prestado. Por otro lado, el coanfitrión (la persona encargada de recibirte y atenderte cuando el anfitrión no está en el país) entraba a su antojo en la casa sin llamar previamente ni siquiera a la puerta, con lo que la sensación era aún más de estar de prestado. No sé si es o no habitual, pero por cortesía yo avisaría de que voy a ir…

Meteora

Airbnb en Rumanía: viviendo sola

En Rumanía, como sabéis, estuve en dos destinos, así que lo voy a desglosar:

Airbnb en Timisoara

Para Timisoara elegí un apartamento para mí sola. Necesitaba volver a estar tranquila y a hacer las cosas a mi manera y sin sobresaltos ni imprevistos, así que cogí un estudio en la zona universitaria.

Pros: la zona era estupenda, las ventanas tenían mosquitera (importante, con tanto verde), la tele tenía Netflix, había tabla de planchar, aspiradora, secador… Muy completo.

Contras: un poco oscuro y húmedo, pero bien.

Airbnb en Cluj-Napoca

Después de haber recargado pilas viviendo sola en Timisoara, cogí Cluj con muchas ganas, pero… las cosas no fueron como esperaba. Cuando yo encontré el alojamiento de Cluj, vi que la dueña parecía por su perfil una persona superinteresante y por eso me decanté por su casa, pese a estar lejos del centro, y no por otra, porque pintaba como una experiencia muy enriquecedora. Sin embargo, debí de leer mal y, cuando llegue, el coanfitrión me dijo que ella no vivía en el alojamiento y que la otra habitación en principio iba a estar libre (luego se reservó), así que iba a vivir sola.

Fue un jarro de agua fría: primero, porque yo había elegido voluntariamente un sitio alejado del centro a cambio de la experiencia que supondría convivir con la anfitriona, y, segundo, porque yo venía de Timisoara sin apenas hablar con nadie (solo en el coworking) y estaba deseosa de vida social. A esto hay que sumarle que durante justo el mes de Rumanía tuve que trabajar más de 8 horas al día, así que estaba saturadísima, no tenía vida social y, encima, estaba lejos de todo (y, por tanto, trabajé en casa). Al final acabé adelantando el vuelo a Madrid unos días porque “ya no podía más” y necesitaba cierta normalidad (más abajo os cuento esto más a fondo).

¿Por qué cancelé los siguientes destinos?

Como sabéis, el siguiente destino, después de Rumanía, iba a ser Serbia. De hecho, hoy mismo vuelo a Barcelona para aprovechar el vuelo que ya tenía comprado (iba a ir Madrid > Barcelona > Belgrado), porque hoy era el día en el que me habría ido otro mes fuera. Sin embargo, en Rumanía decidí que quería cancelar los dos destinos que me quedaban (Serbia ahora y Eslovenia en octubre) porque ya no tenía energía para más (5 meses viajando, seis países visitados [Portugal, Grecia, Hungría, Bulgaria, Montenegro, Rumanía], excursiones algunos fines de semana, un montón de vuelos de ida y vuelta a Madrid para la ortodoncia, empezar constantemente de cero… y todo sin bajar el ritmo de trabajo. Conté más en mi entrada “Mi experiencia como nómada digital“) y porque un cliente importante me dijo que la cosa iba a cambiar pronto, así que supe que era El momento.

Me alegro de que este sentir que quería volver a Madrid (¿os acordáis de lo que decía en mi entrada “Madrid, tenemos que hablar“?) se diera en un destino tan bonito y acogedor como Rumanía, porque eso ha hecho que vuelva con un muy buen sabor de boca de esta experiencia, pese a haber sido más corta de lo que imaginé que sería. No obstante, como os he comentado en mi Facebook, el objetivo de esta aventura ha quedado más que cumplido y ha sido una experiencia indescriptiblemente enriquecedora a nivel personal.

¿Cómo conseguir un reembolso completo cancelando un alojamiento con Política de cancelación de Estancia larga?

Para cancelar las reservas, me puse en contacto con los anfitriones (si no hubieran aceptado cancelarla, quizá habría ido, por no perder los casi 500 euros de cada reserva) y les expliqué la situación. Les dije que entendería que no pudieran acceder a la cancelación/reembolso, ya que la política de cancelación especificada era la de “Estancia larga” (cuando te quedas más de 28 días, el primer mes no es reembolsable), pero quería al menos intentarlo. Ambos me dijeron que entendían la situación y aceptaban la cancelación, así que llamé a la centralita de Airbnb en Madrid, expliqué que habíamos llegado al acuerdo de que a ambos nos parecía bien cancelar, y entonces ellos lo gestionaron. ¿Resultado? Me reembolsaron todo el importe, incluidas las tarifas de servicio y gastos de limpieza.

Esto que os cuento, como veis, no es ningún “truco” ni trampa, es simplemente ir con la verdad por delante y esperar que el anfitrión comprenda la situación. Fueron los propios empleados de Airbnb los que procedieron a realizar la cancelación y el reembolso al explicarles que el anfitrión y yo habíamos llegado a un acuerdo (antes de cancelar, contactaron con él para confirmar), así que es totalmente legal. Además, como aún quedaba más un mes para que empezaran ambas reservas, los anfitriones habrán tenido tiempo de cubrir mi baja. Mi consejo es que no canceléis la reserva directamente en la plataforma si os encontráis en esta situación, porque, si hubiera hecho clic en Cancelar, el reembolso que habría recibido habría sido de 4 euros y pico, en lugar de los casi 500 de cada uno.

Consejos a la hora de elegir un alojamiento en Airbnb

La ubicación se paga, pero merece la pena.

No elijáis un alojamiento solo por que los comentarios digan que el anfitrión es maravilloso: me he dado cuenta de que es difícil “decir la verdad” en los comentarios, te puedes llevar un chasco y, a veces, ni siquiera viven ahí.

Con la verdad por delante se puede llegar igual de lejos y se queda uno mucho más tranquilo. En este viaje he aprendido a confiar un poco más en la bondad y empatía de las personas y no me ha ido nada mal :-).

2 Comments

  1. Ainhoa 11/07/2018 at 06:50

    ¿Nunca has pensado que donde hay un airbnb antes había residentes viviendo? Existen otras formas de alquilar apartamentos durante largo tiempo que no sea airbnb, ni otras plataformas que se dedican a destruir las ciudades que tanto visitais. Menos mal que ya lo van prohibiendo. Una pena que te hayas perdido Serbia, Belgrado es una ciudad fantástica.


    1. Merche 11/07/2018 at 07:52

      ¡Hola! Trabajo como traductora para Airbnb, así que lo conozco bien. Por eso, a la hora de elegir el alojamiento específico, he optado por aquellas opciones donde son ingresos extra para los anfitriones, pero no un negocio como el que puede haber en Mallorca o Barcelona. Como ves, en Oporto viví con una familia, el Atenas con la anfitriona, que trabajaba siete días a la semana para llegar a fin de mes, etc. Para estancias de 28 días o así, lo ideal ha sido Airbnb. El resto de opciones requerían depósito, o eran hoteles, o albergues o no se adaptaban a mis necesidades. Créeme que tengo en cuenta todo antes de tomar una decisión.
      Un abrazo


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