Madrid, tenemos que hablar

 

Que dicen que por qué me voy de Madrid “con lo bien que se está aquí”. Y digo yo que además de estar bien, hay que ser bien. Me lo preguntan los mismos que se sulfuran con el tráfico, critican la masificación del centro, se quejan de los precios de los pisos y están hartos de pasarse horas en el metro. Los mismos, curiosamente, que nunca han vivido en otro lugar. Esta entrada es para ellos.

Madrid y yo nos vamos a dar un tiempo, en el cual pueden pasar dos cosas: que nos demos cuenta de lo mucho que nos necesitábamos o que nos reafirmemos en la decisión de que hicimos bien en dejarlo. Como sucede con las personas, algunas ciudades sacan lo mejor de ti y te hacen sentir como en casa rápidamente y otras llegan a hacerte plantearte si acaso el problema eres tú y tu idealismo exacerbado.

Desde pequeña le colgué a Madrid la medalla de ser la ciudad de mis sueños. Di por hecho que ella sería mi ciudad y que en ella viviría todo lo que un lugar pequeño no me permitía vivir. Como cuando nos enamoramos y se nos nubla la razón, la doté de unas características inexistentes y, quizá, ese fue el problema desde el principio. Quizá la clave está en que la elegí yo a ella y no ella a mí.

Madrid, ansiosa por caminarte entera…

recorrí Malasaña deleitándome con sus luces, comercios y modernos, tratando de ignorar que aquello no era más que una careta tras la que se escondía la soledad del siglo XXI;

recorrí el Retiro con mi cámara inventándome un aura mágica que me permitía no reparar en la ausencia que me acompañaba;

recorrí la Gran Vía con la ilusión de quien una vez aseguró que ese era su lugar favorito del mundo, intentando no pensar en que aquella calle representaba el colmo del abarrotamiento y el consumismo;

recorrí Montera intentando fijar mi atención en la multiculturalidad y en los luminosos para no prestársela a las prostitutas y los chulos que flanqueaban la calle;

recorrí Sol entornando los ojos para empaparme de los murmullos urbanos y obviar el hecho de que mis manos apretaban sin querer con más fuerza la cartera;

recorrí los tres barrios en los que viví deseando en secreto que fueran aquellas calles las que presenciaran mi futuro, si bien nunca llegué a considerar hogar a ninguno.

Madrid, tenemos que hablar. Me prometiste tantas cosas… Las cumpliste tan torpemente que aún no me lo creo y día tras día sigo dándote oportunidades, a ver si hoy¿Dónde está todo eso que se dibujaba en mi mente cuando pensaba en cómo sería vivir en ti, contigo? ¿Acaso eran expectativas irreales fruto de ideas preconcebidas sobre la vida en la gran ciudad? ¿Fue culpa del cine y la televisión? ¿…O quizá todo lo que esperaba de ti me lo va a dar, en realidad, otra ciudad?

Pero no quiero ser injusta. Mentiría si dijera que no me has acogido con tus calles abiertas cuando más te he necesitado, en esos largos paseos que me doy después de ser víctima de algún (des)engaño; que no me has regalado tus cielos más azules en los días más fríos; que no me has animado a expandir mis horizontes. Y te doy las gracias, no creas que no, pero me niego a pensar que aún te tengo que conceder más tiempo para obtener “mi recompensa”: que me des tanto como yo a ti y que me quieras tanto como yo te quiero a ti; que me demuestres que la lealtad, el altruismo, el respeto y la amistad y amor verdaderos son cualidades que también puedo disfrutar y no solo regalar.

Por eso, Madrid, proseguiré mi búsqueda de mi media ciudad, por si acaso, por el motivo que sea, no eras desde el principio. Ya sabes lo que dicen, si al final estamos hechas la una para la otra, acabaremos juntas de nuevo. Por ahora, Madrid, no hay más que hablar.

7 Comments

  1. Cristina 19/12/2017 at 17:51

    Hola Merche:
    ¡Enhorabuena por tu entrada!
    Entiendo perfectamente lo que dices. Yo soy de un pueblo de Córdoba y hace unos años me vine a Madrid por trabajo. Cuando llevaba aquí año y medio me pasó igual con Madrid, también necesité tomarme un tiempo con esta ciudad.
    Sin embargo, al tiempo de marcharme de Madrid me di cuenta de cómo echaba de menos todo el ajetreo que tiene una gran ciudad y hace 6 meses conseguí trabajo en Madrid y me mudé de nuevo.
    Hoy por hoy estoy muy agusto en Madrid y disfruto el tiempo aquí sin pensar si será la ciudad definitiva o en algún otro momento me volveré a marchar. Creo que eso ya depende del futuro y las circumstancias por las que este pasando en ese momento.
    Por suerte he podido vivir en varias ciudades más pequeñas como Málaga, Córdoba y Southampton (UK) y, aunque se vive más tranquilo y de otra forma, a mi el cuerpo todavía me pide marcha jajaja.
    Un saludo y disfruta de tu nueva aventura.


  2. Irene Palmer 16/12/2017 at 23:35

    ¡Hola, Merche!

    Como siempre, enhorabuena por tu entrada. De nuevo, me siento tan identificada con lo que cuentas… con una diferencia esta vez: Madrid te acogió desde fuera y yo nací y viví allí hasta los 22 años. Como madrileña nacida en el barrio de Lavapiés, te diré que Madrid es el mejor ejemplo del concepto del yin y el yan.

    Yo también pasé por ese momento: a los 22 años decidí que Madrid y yo necesitábamos un tiempo y empecé una relación con un viejo amante: Londres. Lo que al principio comenzó como un apasionado y tórrido romance finalmente hecho público, terminó como un trozo de leña que, tras arder fervientemente, se consumió hasta convertirse en cenizas.

    Después de Londres, mi vida dio un giro de 180° y seguí a mi chico (holandés) a La Haya, no muy convencida con mi esa nueva ciudad y acordándome día tras día de mi Madrid. Afortunadamente, La Haya consiguió conquistarme y convertirse en la ciudad que, a día de hoy, considero mi hogar.

    La verdad es que no puedo ni quiero plantearme volver a Madrid a corto plazo, porque aquí me lo estoy pasando genial. Sin embargo, tras haber vivido en tres ciudades (o quizá debería decir planetas) completamente opuestas, puedo afirmar que el amor de mi vida siempre ha sido, es y será Madrid, y sé que algún día nos reencontraremos y pasaremos el resto de nuestros días juntos, aunque ese día no ha llegado todavía.

    Lo que te quiero decir con esto es que haces bien en salir de Madrid si tu interior te lo pide. Y no le des explicaciones a nadie de por qué te vas. Te vas porque quieres, punto y Oporto. Sal, viaja, vive, siente, conoce. Madrid siempre va a estar ahí. Madrid siempre te acogerá, las veces que haga falta, cuando quieras volver, si algún día quieres volver.

    Apuesto a que cuando dejes la ciudad, la echarás de menos. La mayoría de la gente que nos vamos de Madrid, la echamos de menos a rabiar. O quizá no la eches de menos, pero no te preocupes por eso. Disfruta de esta nueva etapa y sácale todo el partido que puedas. ¡Te deseo lo mejor!

    Un abrazo desde Holanda 🙂


    1. Merche García Lledó 17/12/2017 at 12:01

      ¡Hola, Irene! Gracias por tu comentario :). Compartimos un punto más aún: yo también nací en Madrid y la mayor parte de mi familia es de aquí, así que de pequeña venía muy a menudo y quizá por eso crecí idealizando esta gran ciudad, que tanto distaba de Salamanca (donde me crié y crecí hasta los 23) en muchos aspectos. Poco a poco, sin embargo, han cambiado cosas, como la demolición del Mercado de Fuencarral, que para mí representaba lo alternativo hecho realidad, por un triste Decathlon de varias plantas.

      La diferencia entre lo que sentía de pequeña y lo que siento ahora es que por entonces no vivía aquí y no tenía que luchar por abrirme paso en un contexto tan poco abierto a las nuevas amistades. No porque la gente sea sociable, sino porque en el momento en el que tus circunstancias te hacen estar “aislada” (ser autónoma y trabajar en casa o en un coworking), el mundo sigue girando sin preocuparse por ti y la gente llega a casa deseando coger el sofá después de ocho horas de trabajo y una o dos de transporte. Me pasaba a mí cuando trabajaba en empresa, pero ahora vivo descompasada y me cuesta conocer gente debido a mi tipo de trabajo y, por ende, mi tipo de personalidad.

      Pensaba que, cuanto más grande fuera una ciudad, más fácil sería conocer a gente afín a mí, pero ha resultado estar llena de tribus que, lejos de lo que quisieran dar a entender, están bastante cerradas a aceptar solo a gente con “su rollo”.

      Me encantaría visitar La Haya, por cierto… ¡Ahí lo dejo! jejeje.
      Un abrazo y gracias por tu comentario


  3. Victoria B 16/12/2017 at 14:08

    Muy íntimo y muy bonito. Yo viví en nueve ciudades, pequeñas y grandes, en cinco países y en tres continentes hasta que encontré “mi ciudad”.
    ¡Ánimo y que disfrutes buscando la tuya!



  4. Anónima 16/12/2017 at 14:01

    Llevo pensándome un tiempo lo mismo. Visité esta ciudad de casualidad al terminar la carrera, y me enamoré perdidamente. Su arquitectura, sus calles, que hablaran mi mismo idioma y aun así no fuera como el país sin esperanzas del que vengo, la vida nocturna y el sinfín de actividades, todo eso me deleitó y me abrumó desde un principio y sentí ese “llamado”, esa necesidad de estar aquí y explorar mi vida en libertad. Recorrí todas esas calles que mencionas con el mismo anhelo y la misma sensación, pero hoy por hoy siento que, si bien me siguen encantando, me faltan cosas. Me di cuenta de que aunque el transporte es muy limpio y sus calles llenas de vida, la burocracia no funciona y lo que hay detrás menos; que mis sueños van más allá de un sol que caliente en invierno y tomarme unas cañas aun cuando ha caído la noche. A veces me pregunto si es que mis ideales progresistas son muy exigentes, o si en verdad me encuentro en el lugar equivocado. Me pregunto si no estoy perdiendo mi tiempo en buscar más detalles que me sigan apasionando, me pregunto si he envejecido y mi tiempo fiestero y jocoso ha pasado. Porque a veces siento, después de 4 años, que Madrid no quiere verme crecer, que me atrapa con sus promesas de evolución y ahí me quedo estancada, como en una adolescencia perenne, con la incertidumbre laboral y financiera al acecho. Me dicen siempre “tú qué sabes tantos idiomas, ¿qué haces aquí?” y yo les contesto “bueno, es que me gusta aquí” mientras toso irrefrenablemente y vislumbro la seta de smog.


    1. Merche García Lledó 17/12/2017 at 12:10

      Me ha encantado tu comentario, veo que nos sentimos igual.
      Quizá cuatro años es el tope, yo llevo cuatro y medio y cada cierto tiempo he sentido esta necesidad de marcharme, pero luego “se me pasaba” porque, a poco que lo comentaba con gente de aquí, me decían que “eso me iba a pasar en cualquier parte”. Yo me niego a pensar que eso sea así. Si no, cualquier inconformista no tendría más remedio que adaptarse al entorno que una vez eligió porque, total, qué diferencia iba a haber con otro sitio.
      Un abrazo


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