Minimalismo: deshacerse de lo prescindible

Madrid, 9/11/2017

Partamos de la base de que yo soy de las que se acababa los cuadernos de Santillana para el verano el primer día de vacaciones y de las que, si le decían que la fecha de entrega de un trabajo para clase era el viernes, el lunes ya lo tenía hecho. No te sorprenderá, por tanto, que también sea de las que deciden irse dentro de dos meses y medio de Madrid para viajar y ya empiezan a hacer la maleta. Bueno, hacerla hacerla no, pero sí he empezado ya a pensar en qué me llevaré y, sobre todo, en de qué me tengo que deshacer. Por alguna razón, como si mi mente supiera que ese era el siguiente paso lógico, nada más tomé la decisión, sentí la imperiosa necesidad de empezar a desprenderme de muchas de las cosas que tengo.

El concepto de “minimalismo”

Ya habiendo iniciado el proceso de criba, di ¿de casualidad? con un documental que me reafirmó en mi decisión y que te recomiendo ver: “Minimalism: A documentary about the important things”, cuyos autores, Joshua Fields Millburn y Ryan Nicodemus, han fundado la web The Minimalists y han escrito varios libros, como Minimalism: Essential EssaysEverything That Remains: A Memoir by The Minimalists o Minimalism: Live a Meaningful Life.

Cuando acabé de ver el documental, seguí las sugerencias de YouTube y me sorprendió encontrarme con un auténtico movimiento en las redes: una infinita lista de gente que contaba cómo era su vida practicando el minimalismo. Algunas de estas personas practican una vertiente extrema, pero, como dicen Joshua y Ryan en sus charlas de TED (como esta o esta), no se trata de deshacerte de todo sino de conservar solamente lo que aporta valor a tu vida. Por ejemplo, si tienes una colección de libros que te encanta, aunque podrías sustituirla metiéndola cómodamente en un Kindle, consérvala, porque para ti significa algo importante.

Minimalismo en la práctica

Aplicando este planteamiento (preguntándome “¿qué me aporta?”), que a priori podría reducir la lista de cosas de las que desprenderme, me he deshecho de más cosas de las que en un principio tenía pensado. No obstante, recordemos que no es lo mismo deshacerse de cosas para, digamos, cambiar de etapa (duelos por pérdidas, como Joshua dice en su charla) que deshacerse de cosas de cara a ir ligero de equipaje. Yo lo estoy haciendo con el segundo propósito (así que estoy aplicando también un criterio práctico a la hora de elegir con qué me quedo), pero inevitablemente también te sientes liberado en otros aspectos.

Ropa

Fuente: Industry Translations

Este es un tema importante, sobre todo para los freelance que, como yo, trabajan (o pueden trabajar) en casa. Como tantas personas, yo he sido de las que guardaba “para estar en casa” la ropa que se dejaba de poner. Como consecuencia, acumulé un montón de pijamas y camisetas descoloridas, descosidas, demasiado anchas, con alguna que otra mancha y, sobre todo, viejas.

Parece una tontería, pero vestirse así, aunque fuera para quedarse en casa, no me hacía sentir bien. El espejo me devolvía un reflejo desarreglado que no iba en consonancia con mi estado de ánimo. Igual que pintarme los labios un día en el que no me veo bien me hace sentirme mejor, vestirme con ropa decente para estar en casa para mí ha pasado a ser importante. La excusa de “para qué, si no me ve nadie” no me vale: me veo yo. ¿A quién más tendría que importarle?

  • Ropa vieja/rota/descolorida/con agujeros… ¡fuera!
  • Ropa que no me ponía porque nunca sabía en qué momento usar… ¡fuera!
  • Pantalones/vestidos/faldas del tipo “algún día me cabrá…” ¡fuera!
  • Camisetas/tops/camisas que llevo poniéndome desde 2008… ¡fuera!
  • Zapatos que hacen daño/tienen demasiado tacón/están hechos polvo… ¡fuera!

A lo tonto, mi armario se ha reducido lo menos un 65 %. ¡Qué gustazo!

Objetos innecesarios

Guardar cosas “por si acaso” ha dejado de tener sentido para mí. En un arrebato por ir reduciendo el futuro equipaje, he vendido libros, auriculares, artículos de cocina, zapatos, adornos y hasta una cámara de fotos que, por ser demasiado pesada, había dejado de llevar a mis viajes. Con ese dinero, encima, he financiado buena parte de los gastos del primer viaje (avión y parte del alojamiento), así que no se me ocurre una idea mejor.

Conclusión

La conclusión que saco de este proceso es muy curiosa: pensaba que me sentiría más vacía, como si hubiera tirado por la borda las cosas que hacían de mi vida la que es y de mí quien soy, pero nada más lejos de la realidad. Ahora me siento mucho más ligera y me encanta la sensación de no asignar a los objetos que me rodean una carga emocional.

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