Primeras 48 horas en Timisoara

Timi para los amigos.

Apenas llevo 48 horas en Timisoara y ya tengo muchas cosas que contar, así que voy a irlo escribiendo ya, no vaya a ser que se me olvide.

La llegada

El miércoles aterricé cerca de la una de la mañana y tuve la suerte de que mi anfitrión me vino a buscar con El coche. Había olvidado (wait… ¡creo que no lo había vivido nunca!) lo que era que te reciban con un cartelito a tu llegada. Para mí, una de las partes más estresantes es establecer el primer contacto con la moneda del país y escoger el taxista (en Montenegro, por ejemplo, había por lo menos 20 empresas diferentes) que no me tangue, así que fue un puntazo a su favor.

EL coche

Bueno, a lo que iba. Habréis reparado en que he hablado de “El coche” y no de “un coche”. Antes que nada, para quien no lo sepa, me encantan los coches y aquí mi anfitrión me recogió con un BMW nuevo (1 año) de tapicería blanca, automático y con “chuminadas” maravillosas como detección de carriles (el coche no se sale), detección de cercanía con el coche de delante (frena él solo), botoncito para que se baje la puerta del maletero… No me preguntéis cómo, pero nada más aterrizar en Rumanía acabé con mi anfitrión dando grititos ilusionado diciendo: “¡Mira, Merche, sin manos (ni pies)!”. Literalmente levanto los dos pies y las dos manos y el coche iba solo, parando y acelerando. Timi prometía.

Rumanía según un rumano

En el trayecto aproveché para preguntarle sobre el tema que siempre intento contrastar con los locales: la seguridad. Me dijo que era una ciudad muy segura gracias a que “todos los gitanos rumanos están en España”. Añadió que, cuando estuvo en Barcelona, por la zona de La Sagrada Familia, iba acojonado. También me contó que había comprado El coche en Alemania porque en Rumanía no se fiaba. Aquí mi amigo, cuando llegamos al apartamento, me comentó: “No me preguntes cómo se utiliza la cocina, el horno ni la lavadora porque no tengo ni idea”. Yo, afirmé mordiéndome el labio mientras contemplaba los dos cuadros de Joselito y El Juli que decoraban la pared del salón. Timi seguía prometiendo.

Mi salón

Primer contacto

De Timisoara dicen que es la ciudad de los parques y de las flores. Hay sitios en los que no entiendo los apodos que se les dan, pero no es el caso. ¡Madre mía qué de verde! No sales de un parque y ya estás en otro y, si no es parque, es césped, árboles y flores a mansalva. ¡Es precioso! Me imagino que la diferencia entre invierno y primavera debe ser brutal. Creo que la he pillado en el mejor momento. Además, está todo lleno de carriles bicis, ocupando las mejores zonas de las calles peatonales y los parques.

Por verde, son verdes hasta los troncos xD

Así conocido solo me ha dado tiempo a visitar la Plaza de la Libertad y he visto de lejos la Catedral Ortodoxa, pero ¡promete! Ah, bueno, y ¡la calle de los paraguas! Por ahora los he visto cerrados, pero tengo muchas ganas de verlos abiertos. También me ha encantado que la ciudad está muy muy limpia.

Coworking…

Hoy, viernes, ha sido mi primer día en el coworking Startup Hub (¡Gracias, Nomadlist, por descubrírmelo!). Lleva en funcionamiento desde 2013 y, como solo tienen planes para gente a largo plazo, me han propuesto quedarme gratis durante los días que esté aquí a cambio de hacer una donación voluntaria dirigida a financiar proyectos para que los niños aprendan tecnología: desde programación básica hasta inteligencia artificial.

No solamente he estado muy a gusto (mucho silencio, al menos hoy), sino que me han integrado rápidamente. Sin ir más lejos, hoy he hablado con el compañero de al lado, que me ha explicado su afición por el té; una chica que me ha explicado las diferencias entre la primera y segunda clase en los trenes con destino Cluj (mi siguiente parada); el encargado se ha ofrecido a llevarme hasta allí si iba en otra fecha; he pasado un buen rato con el hombre y el niño Lego (ver a continuación), etc.
<ironía> ¡Igualito que en Budapest! </ironía>

…Y Lego

Sin ir más lejos, hoy, al volver de comprar un café, me he encontrado con uno de los del coworking montando un Lego y, no sé cómo, he acabado yo también pringando. Bueno, sí lo sé, he dicho “¡¡Vale!!” cuando me ha propuesto unirme. Supongo que tendrá algo que ver. La verdad es que me ha hecho mucha ilusión volverme a reencontrar con “el hardware de la infancia”. Ah, y resulta que las piezas que estábamos montando forman parte de una maqueta enorme que se presentará en junio (o eso he entendido).

 

Por otro lado, ha sido gracioso el momento en el que me he bloqueado con unas piezas, le he preguntado y me ha dicho “Ni idea, pregúntale al niño”. ¿Niño? Sip. Un mico de 11 años que hablaba 4 idiomas y que me ha ayudado cuando me he atrancado. Lo he bautizado “El niño CEO”. El mismo niño que ha sabido identificar lo que seguramente sería mi figura cuando llevaba apenas dos piezas puestas. El mismo niño que ha sabido bromear conmigo en inglés usando un humor de lo más fino. El mismo niño que, seguramente, se beneficiará de la donación que haga a cambio de pasar estos días en el coworking. Así, sí.

Cosas random:

  • He visto por primera vez en mi vida un escarabajo de estos. Así, paseándose por los jardines del Business Center.
  • He descubierto que hay billetes de 1 leu, es decir, poco más de 20 céntimos. Así es fácil llevar la cartera a reventar y a lo mejor tener solo 5 euros. 1 leu se divide en 100 bani y la moneda más pequeña que existe es de… ¡1 ban!, que entiendo que son poco más de 0,0020 Euros.
  • Los billetes, además de parecer de Monopoli por el tacto, tienen una ventanita transparente con distintas formas (notas de música, por ejemplo).
  • Es la primera vez que veo a un policía sentado en un banco poniendo una multa a un ciclista y llamando la atención superamablemente a dos que iban por fuera del carril bici.
  • He comprobado que venden pilas sueltas y cuestan 1 leu cada una.
  • De vuelta a casa me he encontrado con a una chica saltando a la comba con zancos saltarines. Lo típico de un viernes.
  • He sabido que Timisoara fue la primera ciudad en Europa en iluminar las calles con electricidad en 1884.
  • Me he enterado de que Timisoara será Capital Europea de la Cultura en 2021 (y que para entonces tendrán que reducir a uno los miles de cables que hay por toda la ciudad).
  • He ido a comprar una esterilla de pilates en una tienda y la señora, bastante mayor y que automáticamente he asumido que no hablaría más que rumano, se me ha puesto a explicar no sé qué. Le he dicho “No comprendo” y me ha dicho algo tipo “Ah, pero yo sí”. Y se ha puesto a hablarme en italiano. No hablo italiano, pero de alguna forma me he enterado de que no tenía esterillas hoy, pero las recibiría pronto y que el rollito acolchado que tenía fuera hacía las veces de esterilla, si quería.

Y… ¡hasta aquí la entrada de hoy! No quería dejarme nada en el tintero y por eso he preferido ir publicando ya estas primeras líneas sobre esta sorprendente ciudad. ¡Seguiremos informando! Y recordad que podéis seguirme en Instagram. Sin duda, Timi sigue prometiendo.

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