Vivir en el extranjero (y en la cultura de la queja)

Cork desde el avión

Existe una gran diferencia entre la actitud de quienes tienen la perspectiva de volverse a España (o a su país, en cualquier caso)  y la de quienes vienen a un país nuevo sin ningún plazo en mente para regresar (si regresan), simplemente pensando en el presente. Por mi experiencia, la temporalidad lo marca todo: la perspectiva de volver lleva a muchos a no implicarse “de más” en su nueva vida (“total, para qué, si me voy a volver en ___”), evitando apuntarse a actividades que puedan implicar cualquier tipo de compromiso, forjar amistades o establecer relaciones. Acciones que, por otro lado, son precisamente las que podrían marcar la diferencia en su estancia. Parece un círculo vicioso: no se integran porque quieren volverse y quieren volverse (entre otras cosas) porque no se integran. Y me refiero a integrarse en el sentido de llegar a sentirse parte de la comunidad, sentir la ciudad como suya, interesarse por lo que ocurre a su alrededor, tener ganas de conocer gente, etc. También los hay que exprimen hasta la última gota de la experiencia y consiguen estar 100 % en el aquí y ahora, pero no es lo más habitual, en mi experiencia.

Vivir en un sitio teniendo la mente en otro lado es vivir la experiencia a medias. Dejando las circunstancias personales que podrían hacer que estés por obligación en un lugar donde preferirías no estar, cuando depende de ti, “estar más allí que aquí” es una perspectiva de lo menos atractiva. Y, ojo, que yo también he pertenecido a este “grupo”: cuando llegó ese punto de no retorno en el que ya no quería estar en Madrid, me pasaba el día quejándome de todo lo que me rodeaba e impregnaba todas mis conversaciones de frustración y desgana. La diferencia es que, cuando llegué a ese extremo, supe que tenía que cambiar algo. Si no, caería en esa actitud tan cómoda (y tan incómoda para quienes nos rodean) de quejarse y no hacer nada al respecto.

Llegado este punto, podríais pensar… “¿Y a ti qué más te da? No es tu problema…” Pues es que resulta que buena parte de quienes adoptan esta actitud (de forma inconsciente, en general) tienen tendencia a afirmar que, si tú estás bien en ese sitio que ellos no logran llamar “hogar”, es porque no has pasado suficiente tiempo aún. Pasan por alto los esfuerzos que tú sí estás llevando a cabo por adaptarte e integrarte (apuntarse a deportes, conocer gente fuera del trabajo, colaborar en voluntariados, salir a explorar los alrededores, etc.) y deciden, sin posibilidad de réplica (porque es como hablar con una pared) que, si te encuentras a gusto es solo porque no llevas tanto tiempo como ellos y que “ya te llegará”. En mi caso, no pasaron ni dos días (no exagero) cuando ya empecé a escuchar estas agonías españolas disfrazadas de Experiencia. Cuando acababa de llegar, porque acababa de llegar. Ahora que llevo nueve meses, porque todavía no he llegado al año. Y así hasta el infinito, asumo. Personalmente, teniendo en cuenta lo difícil que es encontrar un sitio donde uno se sienta como en casa, lo último que se me ocurriría si oigo que alguien está ilusionado con un sitio es intentar tirar por tierra su alegría con experiencias totalmente subjetivas.

Un ejemplo muy claro es el de los grupos de españoles que se pueden encontrar en Facebook. Cada cierto tiempo, alguien publica desde España una pregunta tipo “¿Me podéis decir qué tal se vive en Cork? Estoy pensando en mudarme allí por ____”. Esos hilos se convierten siempre en un trampolín para quienes están deseando descargar su frustración en forma de “consejos” y “avisos”, echando la culpa de todos sus males al país. Por otro lado, aún hay quienes todavía conservan/conservamos la paciencia para dar una opinión lo más imparcial posible (básicamente, “Todo depende de tus expectativas”). Ejemplo de respuesta que recibí hace un tiempo, cuando dije que yo llevo varios meses aquí y estoy muy bien:

 

Y así siempre. Por lo general, quienes plantean la pregunta sobre qué tal es la vida aquí suelen recibir las respuestas positivas por privado, porque así quien contesta se evita tener que lidiar con este tipo de actitudes. No es ninguna sorpresa que internet está lleno de “trols”, pero en este caso es algo que se puede encontrar con solo salir a la calle y poner la oreja. Hace poco, sin ir más lejos, escuché a un grupo de chicas decir que… las papeleras de España eran mejores que las irlandesas. Y podría llenar varias entradas con ejemplos del día a día, pero creo que habéis captado la idea.

Mi conclusión personal es que…

  • Es más cómodo quejarse que actuar, pero posiblemente (teniendo en cuenta que en un sitio nuevo no tienes amigos aún) acabes rodeado de quienes te “aguantan” porque piensan como tú, un caldo de cultivo para un entorno de lo más tóxico.
  • Si te mudas a otro país, no es justo quejarte por que las cosas no sean como en España.
  • Si quieres crear tu pequeña España (productos españoles, peluquero español, fisio español, compañeros españoles, sitios de fiestas españolas…), puedes hacerlo, pero llegará un momento que te frustres porque te des cuenta de que, en realidad, no estás en España y nunca podrás reproducir la experiencia completa. Recuerda que eso NO es culpa del país, sino fruto de tus expectativas y de las decisiones que vas tomando.
  • Si quieres aprovechar la estancia, por temporal que sea, HAZ cosas. Las semanas vuelan cuando te ocupas con actividades que tú mismo eliges y en las que decides implicarte de forma voluntaria. Si decides no hacerlo, NO es culpa del país.
  • Vive (o sobre vive, si así lo decides), pero, sobre todo, deja vivir.

1 Comment

  1. Janónimo 11/08/2019 at 14:11

    Muy bien dicho, es terrible rodearse de gente tóxica y con esto tengo algo de experiencia. Algunos ejemplos de las cosas tóxicas de gente que me rodea incluyen:

    – Comentarios pasivo agresivos detrás de una sonrisa.
    – Críticas a compañeros de trabajo por la espalda.
    – Marujeos sobre relaciones personales de compañeros en el trabajo.
    – Autoridad moral.
    – Respuesta negativa (e incluso negación total) al recibir críticas que intentan ser constructivas.
    – Resentimiento a comentarios en broma, hechos en un ambiente distendido e incluso después de que esa persona haya hecho comentarios de la misma índole sobre otros.

    En realidad todo el mundo tiene cosas positivas y cosas tóxicas. Muchas veces es fácil ver los problemas de los demás ignorando los gestos negativos que nosotros podemos tener. Y a veces la gente se frustra por cosas y necesita ventilarse de cierta forma (lo cual imagino que es parte de la razón de ser de este post). Pero supongo que tampoco es bueno que yo me queje, porque yo también soy una persona bastante tóxica a pesar de que curre como un cabrón.


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